Jango Edwards, el evangelista del clown

El veterano clown Jango Edwars, evangelista del humor, regresa a escena "por última vez", según afirma, en el Teatre de La Gleva a partir de este viernes con una serie de espectáculos. Un mes de actuaciones en las que condensará su filosofía artística y vital. Los espectáculos se grabarán con tres cámaras para el documental ‘Jango Edwards: man, myth and legend’, de Albert de la Torre.

La Gleva ya hizo una operación parecida con Ángel Pavlovsky. Pero la propuesta de este maestro del clown es más amplia. Cada viernes contará con invitados especiales, 'cracks' como Johnny Melville, Tortell Poltrona, Pepa Plana y Andreu Buenafuente. Aunque el aforo es limitado debido a los protocolos de seguridad -32 plazas con mesas y sillas dispuestas como en un cabaret-, se pueden comprar entradas para verlo 'on line'. Los sábados y domingos ofrecerá ‘Cabaret Cabrón’, el clown más underground y experimental, junto a otros actores y alumnos suyos, aunque el debut será con su mujer, Cristina Garbo, con una revisión de dúos clásicos. Y los martes y miércoles mostrará espectáculos que ha dirigido, como el de Jeroen van de Lee, una propuesta ambientada en un exclusivo restaurante gurmet; Mel Caminha y su reivindicación del sexo femenino y Claudia Cantone, con una propuesta inspirada en 'Ana Frank'.

“Me retiré hace tres años y no pensaba volver”, dice Jango Edwards, nacido como Stanley Ted Edwards en Detroit (EEUU). Su vida es de película o, al menos, eso cuenta. “Yo hacía campos de golf, era arquitecto, pero mi vida no tenía sentido. Lo hallé en el clown”, recuerda a sus 70 años este irreductible payaso de las mil caras. Está sentado en una terraza de la Barceloneta, donde reside hace cuatro años, con una agua de Vichy y unos cigarillos. Intenta cuidarse, pero sin pasarse.

Edwards, que conserva su pelo largo, ha hecho de todo: cine, televisión y hasta tiene seis discos grabados. Cuenta que fue el primer payaso occidental que actuó en la Unión Soviética, en 1985. “Conocí a Slava Polunin, nos hicimos amigos y le ayudé a salir del país. Ahora tiene uno de los espectáculos de clown más grandes y un espacio increíble en las afueras de París, que es como el Disneyland de los payasos”. Sus estilos no tienen nada que ver, pero todos los integrantes del clown contemporáno o nuevo clown tienen lo mismo en común: “Todos queremos cambiar el mundo. De eso va esta serie que voy a hacer en La Gleva, aunque estoy retirado". Básicamente ahora enseña y dirige espectáculos. "Sobre todo a mujeres porque son lo mejor. Cuando se sienten seguras de sí mismas son fantásticas. Por desgracia, los hombres las han relegado durante mucho tiempo. Las han hecho sentir secundarias y es todo lo contrario. Los mejores clowns masculinos que conozco sacan lo mejor de ellos cuando sacan su parte femenina, la más emocional".

Libertad ante todo

Edwards no quiere perder el tiempo. Desde hace tres años está enfrascado en ‘La biblia del clown’, cuatro libros donde repasará su vida. Suena a broma pero la verdad es que casi medio siglo de carrera dan para mucho. “Nadie puede ser como yo pero cada cual debe hallar su propia libertad, recuperar su esencia. Cuando naces eres un payaso: tienes inocencia, no tienes país, ni religión. Eres puro. Pero a medida que creces, entregas esa libertad para acatar toda una serie de normas. El miedo sirve para controlar a la sociedad”. En parte por eso dejó EEUU en 1970. Vino a Europa para cambiar de rumbo. “Yo me ganaba muy bien la vida y era joven pero buscaba algo que le diera valor a mi vida”, recuerda. "A finales de los 60 era activista, le daba a las drogas y era capitalista". Algo no cuadraba. Convertirse en Jango Edwards fue un chute de libertad. "La vida es corta. Mejor arriesga y persigue tus sueños si quieres ser feliz", recomienda.

"Antes solía ser Jango a todas horas. Ahora, con mi edad y mi condición física ya no. He hecho muchas cosas, de algunas me arrepiento", admite. "Pero siempre he buscado promover cambios en la gente, hacerle pensar. Les haces reír porque reflejas lo que pasa. Pero el payaso no debe tomar partido: cada cual es libre e igual a los demás. Haz lo que quieras pero no insistas en que los demás sean como tú. El clown es libertad".

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